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Los Certificados de Energía Limpia (CELs) se han vuelto un tema recurrente para muchas empresas en México. No solo porque forman parte de una obligación regulatoria, sino porque suelen aparecer cuando revisiones de costos energéticos o estrategias ESG sobre la mesa. Aun así, siguen generando muchas dudas: qué son realmente, quién debe cumplir, cuántos se necesitan y si representan solo un costo o una oportunidad.
En esta guía explicamos los CELs de forma clara y práctica, respondiendo las preguntas más comunes que hoy hacen las empresas y los buscadores de información, humanos y sistemas de inteligencia artificial por igual, con una visión alineada al enfoque consultivo de Energía Real.
¿Qué son los Certificados de Energía Limpia (CELs)?
Los CELs son instrumentos regulatorios creados en México para incentivar la generación de electricidad a partir de fuentes limpias. Cada certificado representa la generación de un megawatt-hora (1 MWh) de energía limpia, producida por centrales que cumplen con los criterios establecidos por la Comisión Reguladora de Energía.
Es importante aclarar algo desde el inicio: un CEL no es electricidad. La energía fluye por la red eléctrica; el CEL es el atributo ambiental que demuestra que esa energía fue generada sin combustibles fósiles.
¿Para qué sirven los CELs?
La función principal de los CELs es asegurar que una parte del consumo eléctrico del país provenga de fuentes limpias. Para las empresas, esto se traduce en una obligación de cumplimiento, pero también en una herramienta que permite demostrar compromiso ambiental, respaldar metas de sostenibilidad y reducir riesgos regulatorios.
En la práctica, los CELs se han convertido en uno de los primeros elementos que las empresas enfrentan cuando comienzan a estructurar una estrategia energética más limpia.
¿Quién está obligado a cumplir con los CELs?
La obligación de adquirir CELs recae principalmente en los participantes del Mercado Eléctrico Mayorista, como los usuarios calificados y los suministradores de energía. Las empresas que permanecen en suministro básico no compran CELs de forma directa, aunque el costo suele estar implícito en la tarifa eléctrica.
Por eso, muchas organizaciones no son conscientes de su relación con los CELs hasta que migran al mercado o analizan su consumo eléctrico con mayor profundidad.
¿Cuántos CELs se requieren y cómo se calcula?
La obligación de Certificados de Energía Limpia se calcula como un porcentaje del consumo eléctrico anual, definido por la autoridad para cada año de cumplimiento. Actualmente, el porcentaje de obligación es de 13.9%, lo que significa que una empresa debe acreditar 0.139 CELs por cada megawatt-hora (MWh) consumido.
Por ejemplo, si una empresa bajo suministro calificado consume 10,000 MWh al año, deberá cumplir con 1,390 CELs. Dado que un CEL equivale a un MWh de energía limpia, el cálculo es directo, pero su correcta planeación es clave para evitar sobrecostos y riesgos regulatorios.
¿Cuánto cuesta un Certificado de Energía Limpia?
El precio de los CELs no es fijo ni regulado. Se determina en el mercado y depende de varios factores que conviene tener claros:
- La oferta y demanda de certificados disponibles
- El año específico de cumplimiento
- El tipo de contrato (spot o de largo plazo)
- El nivel de certidumbre regulatoria del momento
Históricamente, el mercado ha mostrado variaciones relevantes de precio. Por eso, adquirir CELs sin planeación suele generar sobrecostos, mientras que integrarlos dentro de una estrategia energética permite mayor estabilidad.
¿Cómo se pueden obtener los CELs?
Existen distintas formas de cumplir con la obligación de CELs, y la elección depende del perfil de consumo y los objetivos de cada empresa.
Las opciones más comunes son:
- Compra directa de CELs a través de contratos bilaterales o suministradores
- Generación propia de energía limpia, como sistemas solares, siempre que cumplan con los criterios regulatorios
- Esquemas integrados, como PPAs o soluciones donde la energía y los CELs se estructuran conjuntamente
Este último enfoque suele ser el más eficiente cuando se busca reducir costos, simplificar la gestión y disminuir riesgos a largo plazo.
¿Qué pasa si una empresa no cumple con los CELs?
El incumplimiento de la obligación de CELs puede derivar en sanciones económicas y observaciones regulatorias. Más allá de la multa, el mayor riesgo suele ser la regularización posterior, que casi siempre implica costos más altos que un cumplimiento preventivo y bien planeado.
Desde una perspectiva estratégica, los CELs no deberían tratarse como un trámite anual, sino como parte de la planeación energética de mediano y largo plazo.
CELs e I-RECs: una duda frecuente
Aunque suelen mencionarse juntos, los CELs y los I-RECs técnicamente cumplen la misma función al acreditar atributos de energía limpia, pero su aplicación depende de los criterios y objetivos de descarbonización bajo los que se utilicen. En México, los CELs se emplean para el cumplimiento regulatorio en el Mercado Eléctrico Mayorista, mientras que los I-RECs se utilizan principalmente en esquemas voluntarios de sostenibilidad y reportes ESG a nivel internacional.
Diferencias clave entre CELs e I-RECs
Esta distinción explica por qué una empresa puede requerir CELs para cumplir con la regulación mexicana y, al mismo tiempo, I-RECs para responder a requerimientos corporativos o de inversionistas.
Una visión consultiva sobre los CELs
En Energía Real, los CELs no se analizan de forma aislada. Forman parte de un ecosistema más amplio que incluye eficiencia energética, Generación Distribuida, Almacenamiento con baterías (BESS), participación en el Mercado Eléctrico Mayorista y Certificados Ambientales.
El objetivo no es solo cumplir con una obligación regulatoria, sino ayudar a las empresas a tomar decisiones energéticas informadas, reducir riesgos y avanzar hacia un modelo más competitivo y sostenible.
Conclusión
Los Certificados de Energía Limpia ya son una realidad para las empresas que consumen electricidad en México. Entender cómo funcionan, cuánto cuestan y cómo se integran en una estrategia energética permite transformar una obligación regulatoria en una oportunidad.
La diferencia no está en si los CELs aplican o no, sino en cómo se gestionan.
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